miércoles, 24 de agosto de 2016

24 DE AGOSTO DIA DEL LECTOR



                                      24 de Agosto Día Provincial del Lector (Ley Prov.Nº7211)


                       
             
                                      Por Ley se determinó el día 24 de agosto como el Día del Lector, en conmemoración y homenaje al natalicio del escritor argentino Jorge Luis Borges.
                                     Jorge Francisco Isidoro Luis Borges Acevedo  nació en Buenos Aires un 24 de agosto de 1899, era hijo de Jorge Guillermo Borges, abogado y profesor de psicología, y de la traductora de inglés Leonor Acevedo Suárez. Fue un escritor argentino destacado de la literatura del siglo XX.
                                   Se inició en sus primeras letras en Argentina y continuó sus estudios en Suiza. Vivió temporalmente en España. Regresó a Argentina en 1921, participando en la fundación de varias publicaciones literarias y filosóficas, como"Prisma" (1921-1922); "Proa" (1922-1926) y "Martín Fierro”. Homenajeado con numerosos premios, Borges fue un personaje polémico, con posturas políticas que fueron obstáculos  para ganar el Premio Nobel de Literatura  al que fue candidato durante casi treinta años.
                              La palabra lector es un término  que solemos usar en diversos contextos dando paso a varias referencias. Sin lugar a dudas el uso más popular es aquel que nos permite expresar a aquel individuo que lee, ya sea un libro, un periódico, una revista, un documento, entre otros materiales  de ser leídos, y que lo puede hacer tanto en silencio como en voz alta que puede tener como misión el entretenimiento, o para informarse e instruirse sobre determinada cuestión.
                       La ley promulgada tiene el fin de promover la lectura y la democracia a través de la realización en dicha fecha de actos de divulgación de las letras y de reconocimiento a la obra y a la trayectoria de la máxima figura de la literatura nacional.


Uno de los tantos poemas de Jorge Luis Borges es “El Amenazado”
Es el amor. Tendré que cultarme o que huir.
Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz.
La hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única.
¿De qué me servirán mis talismanes: el ejercicio de las letras,
la vaga erudición, el aprendizaje de las palabras que usó el áspero Norte para cantar sus mares y sus espadas,
la serena amistad, las galerías de la biblioteca, las cosas comunes,
los hábitos, el joven amor de mi madre, la sombra militar de mis muertos, la noche intemporal, el sabor del sueño?
Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo.
Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre se
levanta a la voz del ave, ya se han oscurecido los que miran por las ventanas, pero la sombra no ha traído la paz.
Es, ya lo sé, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz, la espera y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo.
Es el amor con sus mitologías, con sus pequeñas magias inútiles.
Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar.
Ya los ejércitos me cercan, las hordas.
(Esta habitación es irreal; ella no la ha visto.)
El nombre de una mujer me delata.
Me duele una mujer en todo el cuerpo.


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